Desayunando miradas perdidas, de repente me preguntas que qué haré hoy. Yo sonrío agridulcemente y te digo que me voy de viaje. Te asombras. Hay veces en las que tu cabeza olvida cosas por tenerla en otros sitios.
- ¿Ya? y...¿Cuándo regresas?
- Pronto, son solo unos días.
- Sabes qué....
- Lo sé.
A nuestros diálogos le sobran palabras en muchas ocasiones. Compartimos momentos en los que no es necesario hablar para entendernos.
Será que el compartir tanta vida, nos ha hecho compartir también pensamientos y sentimientos.
Te levantas y me agarras por la cintura, sin abrazarnos. Nunca nos abrazamos, decidimos no hacerlo jamás. Porque los abrazos implican emociones que nos prohibimos sentir. Sólo nos entregamos al deseo.
Y nos dejamos embriagar por el fuego del ambiente. Dejamos que nuestros cuerpos se unan sin hablar. Se empapen el uno del otro.
Es lo que nos mantiene unidos...el deseo y la amistad. Las miradas perdidas, los cigarros a medias, el café amargo, los días grises y los abrazos rotos....
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